11/08 | La Nación | El Mundo
Periodismo narrativo: El nuevo boom latinoamericano
El terremoto que estremeció a Santiago de Chile, en 2010, objeto de un vigoroso texto de Juan Villoro. Foto: EFE / GERALDO CASO

Dos ambiciosas antolog√≠as publicadas este a√Īo coinciden en afirmar que la mejor prosa narrativa de Hispanoam√©rica hoy est√° en la cr√≥nica. Pero el fen√≥meno tiene sus cr√≠ticos. Genealog√≠a y paradojas de una escritura que exalta la subjetividad y hace de los m√°rgenes el centro de la noticia



De entrada y sin anestesia, en la primera oraci√≥n del estudio preliminar a su notable Antolog√≠a de cr√≥nica latinoamericana actual (Alfaguara), el colombiano Dar√≠o Jaramillo Agudelo afirma: "La cr√≥nica period√≠stica es la prosa narrativa de m√°s apasionante lectura y mejor escrita hoy en d√≠a en Latinoam√©rica". Y aun antes del pr√≥logo, en el t√≠tulo de su propia compilaci√≥n de periodismo narrativo en castellano, el espa√Īol Jordi Carri√≥n deja claro que, para √©l, los textos reunidos en Mejor que ficci√≥n (Anagrama) constituyen justamente eso. Las comparaciones siempre son odiosas y, en materia art√≠stica, no resultan menos fr√≠volas que los rankings de chismes de E! Entertainment. Ch√°chara de copet√≠n y droga para intelectuales, la interminable discusi√≥n sobre qu√© o qui√©nes merecen ocupar el podio de idolatr√≠as librescas tiende a convertir el reconocimiento de un autor, un fen√≥meno o una tendencia en un campo de batalla poblado por razonamientos extremistas, frases dignas de una campa√Īa de marketing y cierto fundamentalismo te√≥rico m√°s pr√≥ximo al berret√≠n ilustrado que al amor al arte. En el caso de la cr√≥nica hispanoamericana, los extraordinarios trabajos que integran Mejor que ficci√≥n y Antolog√≠a de cr√≥nica latinoamericana actual demuestran que, m√°s all√° de los calificativos rimbombantes desempolvados para la ocasi√≥n, hay gran cantidad de escritores cuyas obras enriquecen el panorama de la literatura contempor√°nea. La no ficci√≥n period√≠stica en lengua espa√Īola ya alcanz√≥ la mayor√≠a de edad. No necesita comparaciones, ni esl√≥ganes, ni defensas apasionadas. Se justifica por s√≠ misma y cualquier lector curioso est√° invitado a descubrirla.


La doble aparici√≥n de las antolog√≠as de Carri√≥n y Jaramillo Agudelo implica m√°s de mil p√°ginas dedicadas a autores muy distintos; algunos, particularmente preocupados por la lengua y el estilo; otros, con la mira puesta en la denuncia social o pol√≠tica; todos, dispuestos a construir una mirada personal sobre la realidad y la gama de infinitos personajes que sus textos transforman en seres visibles. Los rasgos en com√ļn son m√°s tem√°ticos que estil√≠sticos y Jaramillo Agudelo da en el clavo cuando en su pr√≥logo afirma que, antes que nada, los cronistas son "gente que le da importancia a que el lector no se aburra". Surgidos de la prensa gr√°fica, donde la prosa debe ser directa y, al mismo tiempo, captar la atenci√≥n de quien se molest√≥ en comprar el diario, estos escritores de no ficci√≥n s√≥lo le temen a resultar tediosos. Para el poeta, narrador y compilador de Antolog√≠a ..., ese p√°nico esc√©nico establece una distancia positiva con la ficci√≥n contempor√°nea y restablece la alianza entre la literatura y el lector. "Que el texto resulte aburrido no parece ser una preocupaci√≥n dominante entre los escritores de ficci√≥n y esto comenz√≥ a ser un problema durante el siglo XX -se√Īala, consultado por adn cultura-. Antes fue otra cosa. Basta pensar en El Decamer√≥n y en Chaucer, en Rabelais, en la picaresca y Don Quijote , en el trayecto de la novela inglesa de Daniel Defoe a Conrad, y en Stevenson, Austen, Thackeray, Dostoievski, Stendhal, Dickens, Hugo, Tolstoi... Es clar√≠simo que estos inmensos novelistas estaban positiva, voluntaria y deliberadamente interesados en no ser aburridos."


 


-Entonces, ¬Ņqu√© ocurri√≥ despu√©s?


-Digamos que durante el siglo XX se inventaron diferentes formas de ser aburrido. En Manifiesto de un lector , B. R. Myers acierta con respecto a la narrativa que tanto gusta a la cr√≠tica: "Es m√°s importante sonar literario que tener sentido". Y a√Īade: "La oscuridad de hoy es la clase de galimat√≠as que mata a todo pensamiento ah√≠ mismo". Sin embargo, algo de los cl√°sicos qued√≥ en el siglo XX; pienso en Garc√≠a M√°rquez, Chesterton, Buzzati, Salinger y Vassili Grossman, entre otros. Pero la peste de la originalidad y el s√≠ndrome de las vanguardias, confabulados, comenzaron a producir artefactos narrativos mucho m√°s ensimismados, en los que se supon√≠a que, por necesidad, la profundidad es aburrida.


 


Como demuestran estas dos compilaciones, uno de los principales retos de la cr√≥nica period√≠stica consiste en combinar entretenimiento con el poder simb√≥lico que el lector de todos los tiempos ha encontrado en el cuento y la novela. Esa fuerza, propia de la mejor literatura, no abunda ni en las obras de ficci√≥n ni en las de no ficci√≥n, y su ausencia podr√≠a ser una limitaci√≥n especialmente riesgosa en la prosa period√≠stica. "Al trabajar con materiales documentados, contrastables, me parece que es mucho m√°s dif√≠cil que la cr√≥nica alcance el nivel po√©tico y simb√≥lico al que aspira la ficci√≥n -se√Īala Jordi Carri√≥n-. Para m√≠, la literatura act√ļa en dos niveles simult√°neos: el de la referencia y el del sobresentido. La cr√≥nica tiene que esforzarse para alcanzar el sobresentido a partir de los hechos, de lo que sucedi√≥."


En su retrato de la cita que la Muerte le propuso durante el terremoto del 27 de febrero de 2010 en Chile ("El sabor de la muerte", compilada en Antolog√≠a ...), el mexicano Juan Villoro asume esa potencia simb√≥lica de la literatura y transforma su miedo personal en un eco del horror ancestral que convocan los sismos. Por otro lado, en la violenta denuncia de los feminicidios de Ciudad Ju√°rez que el tambi√©n mexicano Fabrizio Mej√≠a Madrid ensaya en "El teatro del crimen" (reunida en Mejor que ficci√≥n ), el lector asiste a una espeluznante sucesi√≥n de chantajes, secuestros, asesinatos y violaciones que en ning√ļn momento se proponen emparentarse con los logros po√©ticos de la literatura de ficci√≥n. Su objetivo es otro, y su potencia, id√©ntica. ¬ŅEs l√≠cito creer que la no ficci√≥n construye un sentido propio, particular, quiz√° m√°s directo y deliberadamente ajeno a las coordenadas est√©ticas de la literatura tal como la entendemos hasta ahora? "El cronista admite que tiene vac√≠os, que le faltan certezas -apunta Jaramillo Agudelo-. No pretende una ?visi√≥n del mundo' completa y acabada, consoladora y elegante. En este punto logra una identificaci√≥n con el lector, perteneciente, cuando es honrado, al sector de los perplejos." Los narradores policiales acostumbran pintar a sus personajes a trav√©s de sus acciones; del mismo modo, para estos periodistas el mundo se interpreta a medida que se lo cuenta, sin conceptos te√≥ricos ni ideas preconcebidas que enmarquen la narraci√≥n. La Sublime Lady que inicia a la reportera peruana Gabriela Wiener en el mundo del sadomasoquismo ("Consejos de un ama inflexible a una disc√≠pula turbada") no fascina por lo que Wiener ve en ella, sino por la manera en la que le ense√Īa a usar las u√Īas, el l√°tigo y el body de l√°tex. La perplejidad de la periodista la inhabilita a opinar sobre su personaje, pero no para ensayar su retrato.


Tanto Carri√≥n como Jaramillo Agudelo recuerdan en sus respectivos pr√≥logos que, aun a pesar de su vasta y rica historia, la cr√≥nica en lengua castellana siempre fue menospreciada. En 1889, un comentarista dec√≠a en este mismo diario: "El periodismo y las letras parece que van de acuerdo como el diablo y el agua bendita". Sin embargo, como quedar√≠a claro a√Īos m√°s tarde, la cr√≥nica modernista de Luis Tejada, Amado Nervo y Jos√© Mart√≠ prepar√≥ un escenario en el que pod√≠a imaginarse el desarrollo de un periodismo inspirado por las herramientas y t√©cnicas de la literatura. En la Argentina, el peso del g√©nero es inversamente proporcional al reconocimiento de quienes lo practican como verdaderos escritores. Y eso que, seg√ļn Tom√°s Eloy Mart√≠nez, la cr√≥nica es "el g√©nero central de la literatura argentina". En la genealog√≠a que traza en la nota introductoria a Larga distancia , de Mart√≠n Caparr√≥s, Mart√≠nez recuerda que todo habr√≠a comenzado en un texto fundacional como Facundo , de Domingo Faustino Sarmiento, para luego reaparecer en Una excursi√≥n a los indios ranqueles , de Lucio V. Mansilla; Mart√≠n Fierro , de Jos√© Hern√°ndez; En viaje , de Miguel Can√©; La Australia argentina , de Roberto J. Payr√≥; las distintas Aguafuertes de Roberto Arlt; Historia universal de la infamia y Otras inquisiciones , de Jorge Luis Borges; La vuelta al d√≠a en ochenta mundos y √öltimo round , de Julio Cort√°zar y las obras de Rodolfo Walsh. Esa misma impronta hoy llega hasta los contempor√°neos Mar√≠a Moreno, Leila Guerriero, Josefina Licitra, Cristian Alarc√≥n, el propio Caparr√≥s y tantos otros.


Sin embargo, la evoluci√≥n del g√©nero no es una simple cuesti√≥n de nombres. En la cr√≥nica modernista, la principal marca era el acento po√©tico y humor√≠stico (tono reivindicado en la Argentina por la filosof√≠a callejera de Roberto Arlt). En la de los maestros del siglo XX, como Gabriel Garc√≠a M√°rquez, Elena Poniatowska y Tom√°s Eloy Mart√≠nez, la ambici√≥n literaria, la voluntad de estilo y la lucidez pol√≠tica resultan casi tan protag√≥nicas como las historias que narran. En los a√Īos de sus textos can√≥nicos, de La noche de Tlatelolco (1971) a La pasi√≥n seg√ļn Trelew (1974), la geopol√≠tica divid√≠a el planeta en dos bandos muy diferenciados, las opciones (pol√≠ticas, sociales, sexuales) eran concluyentes y en la distancia entre el narrador y la situaci√≥n o los personajes narrados habitaba la sensaci√≥n de que el mundo pod√≠a ser explicado por la prosa. Hoy, tras el impacto de Internet, el uso y abuso de las pantallas port√°tiles, el dinamismo de la comunicaci√≥n global y la democratizaci√≥n del acceso a la informaci√≥n, el periodista es apenas otro surfer en la marea de datos, historias y bits que constituyen su trabajo cotidiano. Las opciones concluyentes se convirtieron en el lejano patrimonio de alguien que pod√≠a aspirar a saberlo todo (o a simularlo a fuerza de un estilo seductor), en un tiempo donde el modelo de conocimiento lo impon√≠an la academia y la enciclopedia. A a√Īos luz de aquellas ilusiones, ya instalado en una √©poca en la que el conocimiento circula por las redes sociales y parece haber tantos mundos como ojos que lo observan, el cronista contempor√°neo tambi√©n se aferra al poder de su mirada personal. En la era del yo, la cr√≥nica reivindica la subjetividad. En el siglo que endios√≥ el entretenimiento, los cronistas hacen lo que sea por no resultar aburridos. Y mientras en todo el mundo se lucha por el reconocimiento de las minor√≠as, los periodistas narrativos se esfuerzan por hacer visibles a todos aquellos que enarbolan su derecho a ser lo que son.


"O ya no entiendo lo que est√° pasando, o ya no pasa lo que estaba entendiendo", escribi√≥ alguna vez el mexicano Carlos Monsiv√°is, quiz√°s el escritor que mejor ha representado el rol de bisagra entre el periodismo narrativo de la segunda mitad del siglo XX y estos nuevos cronistas hispanoamericanos definidos por la perplejidad. Formado en el molde totalizador de la cultura enciclop√©dica ("Lo he visto discutir de pel√≠culas de gladiadores ante Terenci Moix, un consumado cultor del g√©nero; interrogar con autoridad a un novelista hist√≥rico escoc√©s sobre el per√≠odo de Cromwell; comprar discos de Mozart en Berl√≠n con pericia de music√≥logo y descartar mi invitaci√≥n a un concierto de Simon & Garfunkel, pero s√≥lo despu√©s de cantar todas sus canciones", escribi√≥ Juan Villoro), Monsiv√°is fue sensible al cambio de √©poca y narr√≥ con alegre desconsuelo las limitaciones del hombre contempor√°neo ante los milagros del bolero, la transformaci√≥n del boxeador Julio C√©sar Ch√°vez en superh√©roe pop y las aglomeraciones del subte de la Ciudad de M√©xico. Gracias a esa condici√≥n anfibia, Monsiv√°is dice presente en su car√°cter de pr√≥cer literario en las observaciones cr√≠ticas de Carri√≥n y Jaramillo Agudelo y, tambi√©n, como sujeto de una cr√≥nica en Antolog√≠a ... (la divertid√≠sima "¬ŅEst√° el se√Īor Monsiv√°is?", de Mej√≠a Madrid). En la Argentina, donde reci√©n en estos √ļltimos a√Īos su obra comienza a publicarse, el humor y la fin√≠sima iron√≠a de este autor no constituyen la mayor influencia en las nuevas generaciones. Muy por el contrario, los narradores locales parecen m√°s educados en el olfato militante de Rodolfo Walsh, la intervenci√≥n pol√≠tica de Tom√°s Eloy Mart√≠nez y, m√°s all√° de nuestras fronteras, el impulso √©tico de Ryszard Kapuscinski. Todo un c√≥ctel de gravedad y responsabilidad sociopol√≠tica que Mart√≠n Caparr√≥s condens√≥ en unas palabras inolvidables, con vuelo de ideario. Como cita Jaramillo Agudelo:


La información (tal como existe) consiste en decirle a muchísima gente qué le pasa a muy poca: la que tiene poder. Decirle, entonces, a muchísima gente que lo que debe importarle es lo que les pasa a ésos. La información postula (impone) una idea del mundo: un modelo del mundo en el que importan esos pocos. Una política del mundo.


La crónica se rebela contra eso cuando intenta mostrar, en sus historias, las vidas de todos, de cualquiera, lo que les pasa a los que también podrían ser sus lectores. La crónica es una forma de pararse frente a la información y su política del mundo: una manera de decir que el mundo también puede ser otro. La crónica es política.


El contundente razonamiento de Caparr√≥s retoma la obligaci√≥n moral y profesional de los medios de incluir en su men√ļ informativo a aquellos que no tienen voz. Sin embargo, y en un nada deseado efecto boomerang , sus palabras dejan poco espacio al retrato de la intimidad del poder. En esa l√≠nea, en un taller de la Fundaci√≥n Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) que dict√≥ en Buenos Aires, le o√≠ decir a la mexicana Alma Guillermoprieto que finalmente para un periodista es mucho menos riesgoso escribir sobre los pobres que acerca de los ricos, porque los pobres no tienen con qui√©n quejarse de su retrato, mientras que los ricos hacen juicios. Sin impugnar el programa pol√≠tico que Caparr√≥s quiere para la cr√≥nica (y que ha moldeado a toda una generaci√≥n de cronistas argentinos), tal vez ha llegado la hora de enriquecer ese gesto con propuestas m√°s diversas. "Es un tema complejo -advierte Carri√≥n-. Por un lado, est√° el deber de los medios de comunicaci√≥n de denunciar lo poco visible, de contar las historias de quienes no tienen acceso a gabinetes de comunicaci√≥n. Por el otro lado, en el siglo XXI, a m√≠ me est√° empezando a interesar m√°s que me cuenten las historias de los ricos, de los brokers , de los banqueros, de quienes han provocado esta crisis que sufrimos. Hay buenos ejemplos de ello, como Golden Boys , de Hern√°n Iglesias Illa, o el trabajo de Martin Parr, el fot√≥grafo del turismo global, que √ļltimamente ha trabajado sobre la cuesti√≥n del lujo."


Con m√°s de 80 cr√≥nicas reunidas entre ambos libros, Mejor que ficci√≥n y Antolog√≠a ... exhiben la diversidad tem√°tica que advierte Carri√≥n, aun sin llegar a las osad√≠as so√Īadas por Guillermoprieto. El espect√°culo, el viaje y el deporte aparecen una y otra vez en esas p√°ginas, aunque una r√°pida clasificaci√≥n podr√≠a dividir el arco tem√°tico en dos grandes √°reas: la violencia y la otredad. En el mapa de la violencia, el narcotr√°fico, los feminicidios, el tr√°fico de personas y la herencia social o personal de las dictaduras suponen los territorios m√°s transitados. Y en cuanto a la otredad, el desfile es variopinto y ejemplar. "El arquetipo ya no es la noticia, sino lo asombroso", dice Jaramillo Agudelo, y a esa peculiar√≠sima galer√≠a de asombros llegan desde un mago manco hasta uruguayos que se llaman Hitler, pasando por enanos, ni√Īas pistoleras o albinos patag√≥nicos. La cr√≥nica contempor√°nea actualiza el pedido de Caparr√≥s y ya no se limita a contar "las vidas de todos, de cualquiera"; muy por el contrario, incorpora lo inusual y extravagante, de acuerdo con una √©poca en la que el derecho a ser libre ya es una conquista inalienable.


Pero ¬Ņde veras seremos libres? ¬ŅO esa conquista ser√° la m√°xima ilusi√≥n de la √©poca? "La sed se ha acostumbrado a la Coca-Cola -dice Jaramillo Agudelo-. Y eso, a pesar de que su funci√≥n secreta no consiste en apagar la sed, sino en producirla. Es m√°s: en producir una sed que sea espec√≠fica de Coca-Cola. No somos libres frente al consumo ni frente a esa redundante programaci√≥n fantasmal de la sed, que es la sed de Coca-Cola. Por eso, cuando aparece algo fuera del gui√≥n, algo que ataca desde otros flancos las verdades establecidas y los c√≥digos impuestos, cuando aparece lo extravagante o la violencia descarnada, entonces ocurre algo que nos produce desconcierto e inter√©s." En cada √©poca, a la literatura se le pide que cuente la historia no oficial, la realidad no tal como la vemos sino como es o podr√≠a ser. Tal vez la nueva cr√≥nica latinoamericana no hace m√°s que poner en marcha ese mecanismo antiguo y siempre eficaz, que recorre desde siempre el h√°bito de abrir un libro para ver qu√© nos dice. "Una cr√≥nica es un cuento que es verdad", dijo, mejor que nadie, Gabriel Garc√≠a M√°rquez. Entre estas dos grandes compilaciones ya disponibles en las librer√≠as argentinas, hay m√°s de 80 verdades que cuentan cuentos. Y juntas, una m√°s una m√°s una m√°s una, hacen boom ..


 


 


 


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